Dos gotas saladas en un lago profundo y cristalino

 El tercer día empezó tan temprano como lento.

La noche anterior había sido puro alboroto y carcajadas, como los loros del primer día; entre fósiles, celulares otra vez extraviados, estrellas, nalgas que necesitaron una segunda sesión en maratón de la serie "Mariano enfermero" y un presente que siempre se percibe cuando ya se esfumó en el pasado; esa cena, de botellas robadas, de angustias que se evaporaron como el alcohol con las novedades que llegaban desde Chos Malal

-Ángel ya está en el hotel, el dedo solo estaba dislocado...

Mala suerte, buena suerte... Quién sabe! Diría mi madre.

Todo operó como una sesión prolongada de masajes thai sobre cuerpos exigidos, agotados física y mentalmente, dejándolos a punto para un sueño tan corto como profundo y reparador.

Estoy convencido de que la falta de predisposición y empatía de los gendarmes, al impedirnos avanzar, sin ningún criterio razonable, y por primera vez en varias decenas de veces en que Mariano hizo ese mismo cruce, para poder hacer campamento entre los dos controles fronterizos, fue de esas circunstancias en las que el universo se ocupa de producir los eventos necesarios para que las cosas salgan según un plan, tan secreto y desconocido, que nos resulta en una sensación de libre albedrío.

La secuencia del día anterior fue:

Ángel se cae, inspirando el bautismo de ese breve descenso como "La bajada del Ángel" 

Su atención de primeros auxilios demandó unas dos horas

Mariano se ve expuesto a un gran estrés (la experiencia ayuda a gestionarlo, pero no lo elimina)

El grupo siente angustia, hay lamentos y reflexiones sobre los riesgos asumidos

El convoy pierde un vehículo y dos integrantes que deben ocuparse del traslado de Ángel a Chos Malal para su atención 

Surge la resistencia de los oficiales de migraciones y aduana para permitirnos avanzar

Son aproximadamente las 16

Mariano acepta, conocedor de los bueyes con los que ara, que es inútil insistir, y como siempre, reorganiza con lo que tiene a mano

¿Y si nos hubieran permitido seguir?

Los trámites hubieran demandado mínimo una hora y media

17:30

El staff hubiera tenido que duplicar esfuerzos para avanzar, ofrecer refill y armar el campamento 

19:00

Faltaban ocho kilómetros de franco ascenso, que a algunos nos hubiera demandado, con el cansancio acumulado y el estrés del día, dos horas y media o tres

20:30

Y todavía falta la preparación de la cena (la picada hubiera sido sacrificada), sentarse a comer en un clima de pesadumbre, cansancio extremo por un día de más de catorce horas desde que nos habíamos levantado e incertidumbre por el estado de Ángel

En cambio, Mariano en un rápido scouting... 

Tengo que reconocer que al verlo subirse a la bicicleta, y encarar parsimoniosamente, a ritmo cansino, el camino en sentido contrario, tuve el sentimiento de "se está yendo a la mierda! No lo volvemos a ver..."; conozco esa sensación "no sé dónde, pero acá, no quiero estar más" a la que la vida nos expone cada tanto, también reconozco a la gente que, movidos por el compromiso y la pasión, son capaces de lidiar en solitario con esa necesidad de escapar de la tormenta de adversidades, y dejar el pellejo en tierra antes que abdicar.

En un rápido scouting, no solo encontró un lugar perfecto para acampar, sino que también se ocupó de explotar la zona para ofrecer un espejo de agua donde poder refrescarnos y lave la mugre y las penas del día! 

Eran las cinco o seis de la tarde, y cuando ya no parecía haber tiempo material para más desgracias, le siguieron la caída pava y raspón de Judith, las sanguijuelas de la laguna y las escenas de estriptis desesperadas en búsqueda de posibles parásito chupasangre ("me voy a sacar el corpiño, no miren!!" ¡¡ay Sole, tu espontaneidad me hace descostillar de risa!!; otros también se desnudaron, pero lo hicieron sin tanto bombo y platillos).

El regreso desde la laguna al campamento fue el punto de inflexión, el instante en que el viento queda en absoluta calma antes de empezar a soplar en sentido contrario.

La tarde libre posibilitó que pasáramos de perder dos integrantes del staff, a sumar ofertas de 25 pares de manos dispuestas a colaborar en todo, armar las carpas, incluida las baño y comedor, preparar la picada, cocinar... Lo que le sumó un poco más de estrés a Mariano, teniendo que declinar con gran altura los múltiples ofrecimientos para que no terminará siendo todo un zafarrancho, y llegó a negociar:

-Si quieren, pueden armar sus carpas (el resto lo gestionamos nosotros)

Y cuando el viento cambió, lo hizo violentamente.

Paradójicamente, Eolo se apiadó del ecléctico grupo de ciclistas que se atrevía a invadir sus dominios, y solo se hizo presente en tan breves como moderadas ocasiones, y varias en favor de la subida, como diciendo "¡dale, ya falta menos, te empujó!"

Los condimentos estaban todos servidos, y la ignición del cambio de ánimo fue la noticia:

-Ángel ya está en el hotel...

Así que el día empezaba temprano, pero sin lograr tomar el ritmo suficiente, otra vez acomodándose a los planes secretos.

A las diez y media de la mañana, documentos en mano, Mariano se apersona ante el gendarme de migraciones, que lo primero que le espeta es "los estoy esperando desde las ocho y media", pero el trámite se pone en marcha, y la burocracia hace su magia en el medio de la nada, exasperar al impaciente y dar excusa de meditación al que sabe que todo ocurre según el plan, y medita sin prisa ni expectativas.

Cuando todo parecía encaminado, el sistema detecta una indocumentada, con un DNI tan vigente como inútil, por haber sido reemplazado por un ejemplar más nuevo, del que su titular desconocía toda existencia (es raro el presente, en el que somos hasta que un sistema caprichoso dice que ya no somos).

El llanto sigue al desconcierto 

-Boluda, no puedo seguir, me tengo que volver, mí DNI está dado de baja - le dice Tris a Sole, que la mira como si le hablara en arameo

¿Otro vehículo perdido para llevar a Tris a Chos Malal? ¿Un integrante menos del staff? ¿Hasta dónde las contingencias pueden ser subsanada antes de tener que cancelar todo el plan?

Y se ve bajar una Kangoo gris, y llegan Pato, Mar... Y ÁNGEL, con la cara toda rota, la mano entablillada y un par de puntos en la boca; nada en comparación con lo que habíamos supuesto al verlo catatónico y en shock partiendo hacia Chos Malal apenas quince horas antes; está de buen ánimo, hasta se ríe en la medida que los puntos lo dejan (esos puntos que un par de día después estarían en riesgo de soltarse por las carcajadas en la combi desde Las Lajas a Neuquén).

La algarabía ya estaba al límite, cuando Mariano llama a Tris a un costado, y cuchichean unos minutos.

Imagino que le estará diciendo que ahora que volvió Pato, ella la podrá llevar a... No, no puede ser eso, ahí viene Tris con una sonrisa enorme, y eso en Tris es muy, muy grande, porque cuando abre la geta y se ríe, el universo no tiene más remedio que contraerse unos centímetros...

Artilugio burocrático, tecnicismo dialéctico, mentira blanca, puede decir, y todos le creerán, que el documento fantasma del sistema, fue perdido, y por ello está viajando con el ejemplar anterior...

Orden natural de las cosas, que ya no necesita más dilaciones, la unidad del grupo ha sido restablecida, Mariano podrá acompañarnos pedaleando en la desafiante y cúlmine etapa de pura trepada, llegaremos al límite, habremos cruzado los Andes, a 2050 msnm, un cóndor nos coronará por el éxito del esfuerzo y la perseverancia con un vuelo majestuoso, marcando el fin de las trepada y el comienzo de las etapas de descenso.

Pero ¿y el segundo sentimiento de odio hacia Mariano?

Es imprescindible decir: el universo necesita equilibrios, y que las excepciones hacen a la regla; dos gotas saladas, no hacen mella en un lago profundo y cristalino

Por Mariano siento un gran respeto y admiración, está en una selecta y brevísima listas de personas a las que considero mis Maestros

Mi viejo que me enseñó a vivir.

Mi madre que me transmitió el sentido estético, la capacidad de ver la belleza en lo abstracto y lo místico en lo incomprensible.

Raúl que me enseñó a pescar y prestar atención al mundo que me rodea (no sé si volveré a disfrutar tanto de los ríos y arroyos ahora que ya no estás).

Mi maestra de cuarto o quinto grado que, al elegir para que se leyeran en la radio unos versos repletos de horrores ortográficos, inspirados por el Bolero de Rafael que nos hizo escuchar en clase con la consigna 'escriban lo que sientan", me hizo saber que podía escribir lo que siento.

El profesor anónimo de antropología filosófica que me habló de la gratuidad de la vida y la muerte.

Mariano, de quien todavía no sé qué voy a aprender, aunque quizás ya me lo enseñó...

Igual que a todos esos Maestros, que, probablemente siempre equivocado, llegué a odiar en más de una oportunidad (la excepción es la maestra, de ella estaba enamorado), a Mariano le llegó su segunda dosis de odio.

Había pasado todo lo que ya conté, más muchas horas más, más migraciones chilena, más kilómetros de camino de arena, más un día que, para mí, se había terminado con el logro de llegar al istmo fronterizos sin poner un pie en tierra, y todavía faltaban algunos kilómetros para el último campamento, cuando cruzando un puente, Mariano dice... Se me mezclan las ideas, y otra vez surgen palabras sueltas, aunque estas no eran del briefing de la mañana, sino que fueron dichas sin ningún tipo de anestesia ni anticipación:

En grupos, suben, bajan, a lo bonanza, suben, levantan la bicicleta, no, no, así no, vuelvan a subir... En ese momento, lo odié por segunda vez.

Ahora puedo entenderlo, algunos necesitan una imagen para guardar de recuerdo, y por supuesto que el lugar era inmejorable para hacerlo, una breve subida, que en la magia de la perspectiva empalmaba a la perfección con el distante volcán Antuco, en un día prístino, con la luz perfecta del atardecer, un recuerdo eterno de un sueño mágico del que él sabía que empezábamos a despertar, solo una noche de carpa más, solo un empalme pedaleando hasta la localidad de Antuco, un almuerzo colorido y frutal, un transfer, una cena, y una inevitable bifurcación de esos más de treinta caminos que se armonizaron durante cinco días, que estuvieron a punto de hacerse trizas, era el momento perfecto para agregarle unos minutos adicionales de regocijo y disfrute antes de terminar despertando otra vez en la rutina.

Un recuerdo que, con o sin foto, me acompañará por el resto de mi vida, un vídeo que podré reproducir cada vez que abra mi caja "Desafío de los Andes por el paso Pichachen".

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