Fin de hera sin h
Hasta el más despistado lo sabe, se acaba la era, el reloj vuelve a cero cero cero cero, Hera no puede sostener más el matrimonio del hombre y su civilización, incivilizado, Cronos la devora otra vez.
Los diagnósticos son inútiles cuando ya no se puede crear nada nuevo, cuando Tomy, Paco y Catriel vuelven a escribir Caperucita Roja, el lobo acecha igual, y se la come, pero nunca totalmente, siempre debe quedar algo para que otro pueda volver a reescribir la misma historia.
El más despistado, resulta ser el mejor anoticiado, no hacen falta las migas para desandar los pasos, solo hay que seguir avanzando.
No hay un fin, no hay una decadencia última de la que se podrá renacer, cada instante es definitivo, y contiene el total del tiempo.
Existimos en fotograma previo al big bang, que nunca termina de empezar, suspendidos en un horizonte de eventos, en la frontera de la oscuridad definitiva, a la que nunca se llega.
De nada sirven los diagnósticos, todas las curas imaginadas fracasaron, dando lugar al mismo eterno presente, sin cambiar absolutamente nada.
En ese instante previo y presente, la presión de saber que no se puede sabe cómo, que no hay una alternativa novel, que ya todo es tanto, no antiguo, sino viejo, como inocuo y estéril, destruye, pero no cambia nada.
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