Nico (o los Gus) está desconcertado y feliz

Hace muchos años que escribe, pero nunca tuvo constancia o, mucho menos, mérito. Imagina su producción como sorbos de agua salada y caliente en cada espejismo de oasis que aparece durante una caminata perdida en el desierto.

Nico siempre intentó plasmar un pensamiento, una crítica o una reflexión; trató de mirar desde el costado, o desde atrás, aquello que la vida y la propaganda suelen mostrar de frente, montado sobre una escenografía muchas veces ilusoria o directamente falsa.

 Juega, más de lo razonable, a ser poeta: arma frases que seguramente son lugares comunes o simples plagios de autores desconocidos. En cambio, cuando escribe en prosa, termina desdibujando las ideas en una mezcla de conceptos infundados..

En su pobre producción es raro encontrar esa mirada "inteligente" dirigida hacia sí mismo, él no recuerda más de dos o tres casos puntuales en la que haya dejado por escrito lo que siente en lugar de lo que piensa.

Como si fuera poco, en el último mes no solo escribió un aluvión de articulos y reportes en una seguidilla inédita, sino que prácticamente todos son sentimientos, como un nervio expuesto que se vio obligado a redactar, igual que un río no puede rechazar el torrente que llega desde arriba.

Al mejor estilo futbolista, escribir sobre los Gustavos no solo es como hablar de mí, de por si tan incómoda como extraño, sino que además es hacerlo en tercera persona.

Con matices, compartimos historias de vida; Gus es licenciado en publicidad, a mí me quedaron pendientes 4 o 5 materias de la licenciatura en marketing, Gus es ingeniero químico, mis primeros 3 años universitarios fueron estudiando ingeniería en el ITBA, de adolescentes quisimos emprender y aprender, nos animamos a romper los mandatos paternos, siguiendo nuestros sueños, viendo a lo lejos el destino que queríamos alcanzar.

Fundamos una empresa, y como sabíamos que para ir lejos hay que ir acompañados, recurrimos a un amigo con el que muchas veces no estuvimos de acuerdo, pero que siempre correspondió, y estuvo a la altura de las circunstancias, en la confianza y esfuerzo compartido.

Los Gustavos me llevan algunos años, pero eso lo compenso con la firme convicción de María Inés, la persona que más me conoce sobre la faz de la tierra, de que nací viejo (ella dice 20 años, muchas veces siento que mí momento fue hace 2 o 3 siglos).

Tuve largas conversaciones con cada uno, y fueron como monólogos, como esas disquisiciones eternas que tengo conmigo mismo, en las que suele haber creatividad y siempre hay empatía, porque a pesar de ser exigente al extremo de lo insoportable (aplicado tanto a los demás como a mí propio ser), hace mucho aprendí a tolerarme y a pedir disculpas cuando al rottweiler se le zafa el bozal y muerde con la lengua ponzoñosa y dañina,

Todavía no lo sé a ciencia cierta, pero intuyo que también algo de eso compartimos.

Sin haber recorrido sus historias íntegramente, siento que -al estilo multiversos o versiones similares de ejemplares de La Biblioteca de Babel- tenemos tracks de vida y formas de pensar con segmentos totalmente coincidentes.

Será interesante compartir -whiskies, vinos o rutas de ciclismo- para descubrir hasta dónde somos de esos hermanos que da la vida sin compartir ningún otro ancestro común más acá de Lucy.

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