Primer odio

Eran las cinco de la tarde...

Pero esto empieza mucho antes! 

Después de una larga puesta a punto inicial, unas cuadras de pedaleo... y otra parada para la foto; la adrenalina de más de un mes se atropellaba en las venas, la felicidad de estar a punto de una gran aventura se mezclaba con la ansiedad de no estar seguros de poder lograr el objetivo.

Al fin empezamos a alejarnos de la ciudad, Mariano encabezaba el grupo porque nos había pedido encarecidamente, y en tres idiomas, que lo siguiéramos hasta que diera la señal de libre albedrío de ritmo.

"Ahora pueden..." No recuerdo haber escuchado el final de su frase, y el corazón, hasta ese momento acelerado por la emoción, empezó a estar acelerado por el ritmo que la cadencia le imprimía a la ruta que quedaba atrás.

No recuerdo por dónde fueron mis pensamientos, pero es seguro que no iban en la bicicleta conmigo, nada de las primeras horas fue juicioso o moderado.

Imagino que Mariano habrá pensado "este tipo, hace quince días me vino a hacer el planteo de que no le interesaba competir, y lo primero que hace es salir como misil... Lo que hay que aguantar para comer...".

El primer refill es el último momento en que tuve una sensación de satisfacción ese día, por lo menos sobre la bici...

-Me cortaron el entusiasmo de una bajada fenomenal! 
-Ya vas a agradecer no tener que arrancar en subida

Me replicó alguien de la masa que, hasta ese momento, casi no podía individualizar.

El almuerzo fue un punto de quiebre definitivo, en el que el pensamiento no tuvo más remedio que reunirse con la vivencia, el cansancio empezaba a hacerse patente, y todavía quedaba un buen tramo por delante.

Quinientos metros más de bajada, y en la primera subida, el primer calambre, pie en tierra, Tristana que se le parte la cabeza, y sin tanto ego como el mío (o al revés, con mucho más sentido común que yo), se vuelve y se sube a la combi, Soledad avanza sola; los nombres propios los pude poner mucho después; hoy soy capaz de nombrar a cada uno de los integrantes del grupo, ver su cara, y saber algo personal, un gusto, una idea, dónde vive o su profesión.

-¿Estás bien? - me dice mientras sube despreocupada
-Sí, solo un calambre, ya se pasa (espero)

El orgullo me da empujones, y sigo pedaleando, y sigo acalambrándome, como en una danza en loop sin fin, isquiotibiales derechos, pantorrilla izquierda, pantorrilla derecha, isquiotibiales izquierdos, cada grupo que intenta liberar al otro, va cayendo en el dolor y el sufrimiento es general.

Hasta que me alcanza Mariano y me da la lección más simple y valiosa del ciclismo:
-si hay calambre, ya hay agresión, te estás deshidratando, mira la mancha de sal que tenés en el jersey, tomá más agua, y hoy a la noche seguí tomando isotónico en la carpa

Dice, mientras me ayuda a elongar, y me recuerda que la combi está atrás por si la necesito.

Desde ahí hasta el desvío, empezó otra danza, en la que primero, siempre atrás, me seguía a una distancia prudente, hasta que Charly empieza a insinuar, como golosina ante un niño, como promoción de 'compre ya!', no tenés que seguir sufriendo, acá tengo aire acondicionado un asiento cómodo en lugar de un sillín...

Lo paso y lo saludo sin mirar, me pasa, me esperas con la ventanilla baja y me dice:
-¿Todo bien?
-Todo en orden - le miento, pero a la combi, o me suben inconsciente o no me subo
-Vamos! Ya falta un kilómetro para el desvío - me dice resignando.

Recuerdo un pinar, unos loros alborotados, una tranquera y unos paisanos mate en mano, a los que no tengo fuerza para saludar, y después... el desvío! 

Eran las cinco de la tarde y sentí:
-Ya está, llegué al desvío, falta poco!

Me viene a la memoria la charla del principio del día, que a esa altura era un recuerdo de una época olvidada, en tres idiomas, en la que, de escuchar en inglés y español, terminé también entendiendo lo que se decida en portugués

-Cuando dejamos el asfalto, empiezan una serie de subidas y bajadas, hasta llegar al campamento... Es un campamento nuevo, no lo conozco, pero es más grande y cómodo que en el que solíamos parar, que está más abajo...

Ahora lo puedo transcribir taquigráficamente, pero en ese momento fueron palabras sueltas, "subidas" "más arriba" "no lo conozco" "más abajo".

-¿Tenés las gomas muy duras? Yo me las voy a desinflar un poco - me dice alguien, ahora Sole, parada junto a Mariano que hacía señas como el penado 14 justo en el desvío.

-Están bien - le miento, bah, quizás están bien, pero yo no tenía ni idea, solo podía pensar en avanzar.

La primera parte de ese tramo de bajadas, y SUBIDAS, la sufrí a medias (solo sufría la mitad que subía), caminamos con Sole unos tramos, hasta que desaparecí como saeta en la primera bajada pronunciada y larga.

Antes de llegar, crucé a varios prudentes, varios con ánimo contemplativo, varios que sufrían tanto subiendo como bajando y un accidentado (lo supe después, soy un tipo indiferente, pero si te veía caído Juani, paraba!)...

Hasta que ya no hubo bajadas, y todo fue cuesta arriba, 10%, 15%, 20%, acá encontré al que hoy es Gus (Cabezón, que escribió un cuento con un personaje tocayo mío, al que a su abuelo le decía Papino, como yo le decía al mío, con una Carla que, cual pitonisa, le revela el día de su muerte, como yo hice conmigo mismo cuando supe que era diabético, "cuando cumpla 56, estoy muerto" pero ahí terminan las coincidencias, por eso estoy acá pedaleando... Pero esa es otra historia), con el que hicimos juntos los últimos tramos de 12%, 10% hasta llegar al campamento.

En ese momento no lo supe, pero esa fue la primera vez que odié a Mariano.

Al día siguiente, después de hidratarme toda la velada, de no haber sufrido ningún calambre durante la noche, y haber dormido tan profundo que, al despertar y sentir humedad en la carpa, pensé "carajo! Demasiada hidratación y tan cansado, mala combinación..." (por suerte no fui el único... Descubrimos que era una vertiente que inundó medio campamento), después de un desayuno con mesas incomprensiblemente divididas por sexo (esa anomalía no se repetiría en toda la travesía), Mariano vuelve a pedir:
-La salida tiene múltiples desvíos, es imposible que pongamos flechas en todos (NR: la tarde anterior algunas flechas habían sido agónicamente difíciles de encontrar), así que voy adelante, y en cada giro le pido a alguien que haga de mojón humano para el resto.

Por supuesto, cuesta abajo, claramente mi especialidad, yo iba junto a Mariano encabezando el grupo, hasta que unos diez minutos después...

Sí, unos diez minutos de bajadas del 10%, el 12%, el 15%, el 8%, es mucha bajada, 

Diez minutos después Mariano me dice, señalando a la derecha 
-Ese es el camping al que solemos venir!

Y ahí me di cuenta que la tarde anterior, con la extenuación, la falta de criterio e hidratación, al enfrentar el 10%, el 12%, el 15%, el 8%... había odiado a Mariano... por primera vez.

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